lunes, 5 de abril de 2010

UNA MONTURA EN LA AVENIDA

Una mujer pasea bajo la lluvia de la avenida de la Reconquista, pero llueve mucho y decide cubrirse bajo los árboles del Circo Romano. Los niños corren a sus casas, pero la mujer sigue paseando. La mujer tropieza, olvidando sus pensamientos, su desamor, ya que su marido se había divorciado de ella hace minutos, en el juzgado de la esquina. Y, tras dar un traspiés, cae en un charco, empapándose hasta los huesos. En ese momento observa algo brillante,como recubierto de oro, tapado por la arena mojada. La mujer, recuperando las fuerzas, se agacha y excava con sus manos, pero siempre alrededor de ese punto luminoso. Toca el metal, está frío, como su alma, y por fin se da cuenta de lo que puede ser: “¡La montura de oro!” Exclama la mujer.

Ella no sabe qué hacer, piensa en sacarla para entregarla a la policía, pero así sólo la harían la foto. También piensa en venderla en el mercado negro como la montura de un famoso emperador, pero el dinero no interesa. “¡Eureka, cómo sabía yo que algo interesante se me iba a ocurrir!”

La mujer tapa deprisa la montura y marcha a casa, y piensa en esa magnífica idea. En casa, las ventanas están mojadas, pero comienza a contar a su hijo adoptivo, antes de divorciarse de su marido: “Raúl, mira lo que pone aquí, dice que se sabe que en la zona del Circo Romano, según un texto descubierto en griego, se encuentra enterrada la montura del caballo más famoso que llevó una cuádriga. Además pone que según ese texto, el descubridor de ella podrá cumplir un deseo".
Raúl quedó sorprendido, pero la mujer le dijo que según ella había oído, está en el cuarto árbol del Circo Romano.

El niño despertó, ilusionado, sin acordarse de que no veía a papá desde hace unos días, y se marchó al cuarto árbol y, efectivamente, allí estaba la montura. Llovía una vez más, y el niño salió en todos los periódicos. Mientras, la madre quedó satisfecha al ver sonreir a su hijo. Porque, a pesar de todo, se puede sonreir bajo la adversidad. La mujer exclama: "¡Lo hice por verte sonreir!"

Agradecimientos a Ruth, por sus consejos.
Paco Roijalambre

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